Por primera vez en la historia, dos mujeres son premiadas con lo que se conoce como el Nobel de la arquitectura. Yvonne Farrell y Shelley McNamara, son socias fundadoras del estudio Grafton Architects desde la década de 1970, en Dublín y premiadas hace unos días con el Pritzker Price, el mayor premio del sector. 

Con valores como humanismo, oficio, generosidad y conexión cultural, como premisas que sostienen en cada obra que diseñan, las irlandesas desarrollaron varias obras de la arquitectura moderna que han sido reconocidas a nivel mundial. 

 

Una de las principales es el campus universitario de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (Utec) en Lima. Con el objetivo de mejorar el mundo y cuidar el medio ambiente, las profesionales usaron en la construcción un 34% de materiales reciclados, optimizando recursos y reduciendo el impacto ambiental. ¿De qué manera? El edificio tiene varios espacios abiertos que dan al Pacífico para poder aprovechar el aire que ingresa desde el exterior y, de este modo, reducir la necesidad de usar aire acondicionado. También, se tuvieron en cuenta los ciclos del sol y la sombra para reutilizar mucho más la luz del día. Estas acciones, junto a muchas más, significaron una reducción del 19% en el consumo de energía y un ahorro del 41% del agua. 

Vale la pena mencionar que este moderno edificio cuenta con la certificación LEED, el reconocimiento más importante a nivel mundial para edificios sostenibles, y el premio del Royal Institute of British Arquitects (RIBA), ganado en 2016, al mejor edificio del mundo. 

Otras de sus obras destacadas son los edificios para la Universidad Luigi Bocconi de Milán, la Escuela de Economía de Toulouse, la London School of Economics, el Instituto de Minas-Telecom de París, la Escuela de Medicina de la Universidad de Limerick y el Instituto Urbano de Irlanda.

 

Además de tener su propio estudio de Arquitectura, Yvonne y Shelley son docentes de la UCD, facultad donde también realizaron su carrera bajo un espíritu revolucionario que comenzaba a asomarse en esa época. «Para nosotras, enseñar siempre ha sido una realidad paralela -comenta Farrell- una forma de destilar nuestra experiencia y regalarla a nuevas generaciones, para que jueguen un papel importante en el crecimiento de la cultura».