Así como en la moda, parece que en la arquitectura también todo vuelve; y es que los
ladrillos de vidrio, tan en auge en 1977, entraron nuevamente a escena. Si bien, vienen en
una gran variedad de tamaños, generalmente los encontramos en un grosor de 5 y 8 cm,
admitiendo el paso de luz pero sin perder la privacidad visual debido a sus propiedades
translúcidas.


Pero, ¿conocemos realmente la historia de este material tan peculiar? Aunque su patente
original fue presentada en 1907, existen numerosas pruebas para afirmar que mucho antes
ya se usaba. Un gran ejemplo son los prismas que se utilizaban en los barcos para que
entre luz natural debajo de sus cubiertas. De este modo, se solucionaban problemas y
peligros de incendio que podían ocasionar las velas o las lámparas de queroseno.
Luego, a mediados del siglo XIX, también fueron vistos en algunas ciudades,
particularmente en los pavimentos, para permitir el ingreso de luz en los espacios
subterráneos. Fue Gustave Falconnier quien a finales de ese siglo patentó el primer bloque
de vidrio hueco denominado Falconnier Hollow Glass Bricks, que a diferencia del ladrillo de
vidrio que conocemos actualmente, eran huecos solo donde se soplaba el vidrio, lo que los
hacía menos resistentes y duraderos y se usaban solamente para construcción de
invernaderos y como material de relleno para edificios.
De esta manera, podemos afirmar que el ladrillo de vidrio moderno, patentado en el siglo
XX, fue una sumatoria de innovaciones preexistentes. Las primeras construcciones que
podemos ver usando este nuevo material fueron el pabellón de cristal de Bruno Taut para la
exposición Werkbund en 1914, la famosa Maison de Verre, diseñada en 1928 por los
arquitectos Pierre Chareau y Bernard Bijvoet, y el edificio de bloques de vidrio de colores de
15 metros de altura Owens-Illinois construido para la Exposición Chicago Century of
Progress en 1933.


¿Qué hace a los ladrillos de vidrio tan atractivos? Sin dudas, sus múltiples propiedades.
Además de sus cualidades estéticas, mejoran la iluminación y la calidad ambiental de todo
un espacio. La privacidad es otro de los grandes beneficios. Aunque es común verlos en
baños permitiendo el ingreso de luz natural sin comprometer la privacidad, últimamente
aparecen en otros ambientes como garages, sótanos, sirviendo de divisores de espacios,
etc. También, su seguridad y su eficiencia energética lo vuelven tan atractivo. Sus centros
huecos no solo entregan valores de aislamiento térmico, sino que el mortero que une los
bloques bloquea la infiltración de aire de mejor manera que los marcos de las ventanas
tradicionales. Por lo tanto, una excelente opción para ahorrar energía gracias a su
hermeticidad y reducción de corrientes de aire o transferencia de calor, además de la
disminución del uso de luz artificial.