Pensar en un futuro sostenible basado en una arquitectura ecológica, saludable y de
calidad, es posible gracias a la utilización de materiales y fibras naturales como el
cáñamo.

Esta planta de crecimiento rápido, utilizada para lograr múltiples propósitos, se
conoció en China 4 mil años atrás. Aunque en Europa tuvo su máximo esplendor en
el siglo XVI, usándose como materia para las velas de los barcos y la indumentaria;
y, en el siglo XIX, como alimento no ha sido menos importante a lo largo de la
historia, ya que salvó a Australia de dos de las peores hambrunas que ha sufrido el
continente oceánico.

Sin embargo, y aunque existen miles de ventajas y beneficios a la hora de sembrar
y cosechar el cáñamo, en la década del 40 llegó casi a desaparecer debido al
desarrollo de la industria petroquímica y la fibra de nylon. En ese momento, esta
nueva realidad química, desplazó a la materia prima más antigua y natural.


Gracias a que en el 2018 se levantó el veto de cultivo en EEUU, son cada vez más
los diseñadores y arquitectos que vuelven a utilizar esta materia prima en sus
productos. La aplicación más común y conocida del cáñamo ha sido en forma de
fibra, ya sea para cuerdas o para textiles. Cuando se lleva a cabo el proceso para
obtenerlas, las más largas son utilizadas para la fabricación de telas y el resto se
usa para aislantes térmicos, fieltros fonoabsorbentes y refuerzos sustitutos de fibra
de vidrio en composites. Principalmente, en la arquitectura ya hace años que se
aplica como aislante de máximo rendimiento o como refuerzo de hormigones más
ligeros.


También funciona como sustituto de plásticos vírgenes, tableros aglomerados,
algodón y otros materiales con un impacto ambiental muy elevado.
Por lo tanto, creemos que ampliar su uso por parte del diseño y la arquitectura
generará una economía con costos más bajos; y además, logrará que avance la
investigación científica para mejorar aún más sus propiedades y encontrar nuevos
usos más valiosos y eficaces, ayudando así al medio ambiente.